Rosácea
Patologías dermatológicas
La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica multifactorial de la piel que afecta principalmente al rostro. Se caracteriza por episodios de eritema facial (enrojecimiento de la piel), vasos sanguíneos dilatados (telangiectasias), protuberancias o granitos y, en algunos casos, engrosamiento de la piel.
La rosácea afecta más comúnmente a mujeres de piel clara entre 30 y 50 años, sobre todo en mejillas, nariz, frente y mentón. Aunque los hombres no la suelen padecer, en aquellos casos en los que se manifiesta, generalmente suele ser en formas más severas como la fimatosa.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Marta Carulla
La diferencia en cada caso radica en la frecuencia, la severidad de los brotes, y cómo afectan en el estado emocional y desde el punto de vista estético a cada persona.
No se trata de una condición contagiosa, pero sí progresiva si no se trata y puede cursar con brotes, según el contexto de la persona.
La rosácea se puede clasificar en 4 tipos principales según la predominancia, aunque comparten síntomas como enrojecimiento, sequedad, tirantez y picor:
Eritemato-telangiectásica: Existe un enrojecimiento y vasos visibles o arañas vasculares (cuperosis).
Papulopustulosa: Se caracteriza por protuberancias inflamadas, que pueden supurar, similar al acné.
Fimatosa: Implica un engrosamiento de la piel (nariz, frente, mentón), mucho más frecuente en varones.
Ocular: Se distingue por una irritación, picazón, sequedad, enrojecimiento e inflamación que afecta a los párpados y posible sensación de cuerpo extraño junto a visión borrosa. Puede llegar a confundirse con conjuntivitis o blefaritis.
Causas de la rosácea
Existen diferentes factores que pueden predisponer a desarrollar rosácea y actuar como detonantes para su manifestación o desencadenar brotes:
Genética: Es más común en personas con antecedentes familiares.
Disfunción vascular: Existe una hiperreactividad de los vasos sanguíneos, por lo que se dilatan fácilmente.
Inflamación crónica: Respuesta inmunitaria exagerada a estímulos externos.
Microorganismos: Algunos estudios relacionan la rosácea con infecciones por Demodex folliculorum (ácaro de la piel) y Helicobacter pylori.
Factores ambientales y de estilo de vida: Exposición solar no controlada, cambios de temperatura extremos (calor-frío), estrés emocional. Sobreingesta de alimentos picantes, alcohol o bebidas calientes. Uso de cosméticos no adecuados o productos irritantes para el tipo de piel en cuestión.
Síntomas de la rosácea
La rosácea evoluciona en fases, y sus síntomas varían según el tipo que se padezca y el contexto de la persona. Además, pueden existir tipos mixtos como por ejemplo eritemato-telangiectásica + papulopustulosa, u ocular + cutánea.
Los síntomas más comunes suelen ser:
Enrojecimiento persistente (eritema facial), que puede concentrarse más en mejillas y nariz.
Ardor o escozor.
Vasos sanguíneos visibles (telangiectasias).
Pápulas y pústulas similares al acné, aunque en este caso sin puntos negros.
Piel seca, áspera o con sensación de tirantez o ardor. También sensación de calor o quemazón sin razón aparente.
Tendencia a inflamación de la piel, con textura irregular y poros dilatados.
En casos avanzados: rinofima (engrosamiento de la nariz, más común en hombres, de aspecto rugoso o con bultos).
Para un correcto diagnóstico, la persona que padezca la rosácea debería consultar con un profesional especializado que pueda diseñar también un tratamiento individualizado y personalizado según su contexto.
Métodos de valoración de la rosácea
El diagnóstico se basa en la observación clínica, ya que no existen pruebas de laboratorio específicas, y en la mayoría de los casos es importante que se pueda realizar la valoración por parte de un especialista actualizado que sea capaz de efectuar un diagnóstico correcto para escoger el tratamiento adecuado en cada caso sin correr el riesgo de confundirlo con otras condiciones dermatológicas con manifestaciones similares, como por ejemplo acné, dermatitis atópica o lupus.
Por lo tanto, identificar el tipo correcto de rosácea es el primer paso para controlar los brotes y mejorar el aspecto de la piel con el tratamiento adecuado.
Herramientas y criterios utilizados:
Evaluación visual y palpación para identificar posibles eritemas, lesiones inflamatorias y textura de la piel.
Escalas clínicas para clasificar la afectación por rosácea según la severidad y el tipo.
Examen dermatológico ocular en caso de sospecha de rosácea ocular.
Fotografía médica para monitorear la evolución y respuesta terapéutica al tratamiento.

Abordaje terapéutico
En cuanto a tratamientos tópicos, dependerá de cada caso, pero, en general, pueden ser interesantes cremas hidratantes, emolientes y vasoconstrictoras para reducir la tirantez, la quemazón y las telangiectasias. En casos de granos o pústulas quizás sean necesarios tratamientos antibióticos tanto orales como tópicos para evitar infecciones. La terapia biofotónica de luz pulsada puede ser también una opción para reducir el eritema y contribuir a la vasoconstricción.
En la rosácea, la exposición al sol es uno de los factores que más fácilmente provoca brotes y empeoramiento de síntomas. Lo más importante a tener en cuenta en estos casos es evitar la exposición solar durante las horas de mayor radiación (10:00-16:00), y usar protectores solares con filtros minerales (óxido de zinc, dióxido de titanio), que son menos irritantes que los químicos por múltiples razones.
El tipo de alimentación también puede influir en la mejora o empeoramiento de la rosácea. Algunos alimentos dilatan los vasos sanguíneos y provocan enrojecimiento, mientras que otros estimulan la respuesta inflamatoria o aumentan la temperatura corporal. También hay ingredientes que actúan como alérgenos leves o sensibilizantes en personas con piel reactiva, por lo que cada persona debe identificar qué alimentos o productos pueden no ser adecuados para su situación.
Entre los alimentos más comunes que empeoran la rosácea están los picantes, por estimular los receptores de calor y vasodilatar; el alcohol; las bebidas muy calientes; el chocolate; los quesos curados y los productos lácteos; los tomates, por ser ricos en histamina; los cítricos y los alimentos ultraprocesados o altos en azúcares, dado que potencian la inflamación sistémica.
El estrés también activa varias respuestas fisiológicas que pueden empeorar los síntomas de la rosácea a través de las siguientes manifestaciones:
Aumento del flujo sanguíneo en la piel: El estrés estimula la liberación de adrenalina y otras hormonas que dilatan los vasos sanguíneos, cosa que provoca más enrojecimiento y calor facial.
Inflamación: El estrés crónico eleva los niveles de cortisol, que puede alterar la respuesta inmune y favorecer la inflamación en la piel.
Hipersensibilidad nerviosa: La rosácea ya implica una piel con nervios cutáneos más reactivos; el estrés hace que esa hiperreactividad aumente, lo que genera más ardor o escozor.
Círculo vicioso: El estrés empeora la rosácea, y los brotes de rosácea generan más estrés y ansiedad, cosa que perpetua el problema.
Una piel con rosácea necesita cuidados desde fuera y desde dentro, por lo que es importante buscar herramientas que contribuyan al control del estrés, por ejemplo, a través de técnicas de relajación (respiración profunda, meditación guiada), ejercicio moderado (sin sobrecalentar el rostro), favorecer un buen descanso y evitar abusar de café, alcohol o comidas picantes si la persona está pasando un periodo de estrés.
En los casos de rosácea, la conexión con la parte digestiva también es muy relevante. La mala sulfatación puede debilitar la barrera intestinal y favorecer la inflamación sistémica, lo que puede empeorar la rosácea. Optimizar la nutrición con alimentos ricos en azufre y cofactores, más cuidar la microbiota, puede ayudar a mejorar tanto el intestino como la piel. Además del aporte de omega-3, magnesio y zinc (en este caso funcionan como activadores enzimáticos), vitaminas B, idealmente metiladas para apoyar tanto los procesos de sulfatación como metilación de las mucosas, y probióticos específicos como, por ejemplo, Lactobacillus rhamnosus GG o L. reuteri pueden ayudar a modular inflamación cutánea.
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Vivir con rosácea no significa resignarse a los brotes ni al malestar que generan. Cada piel es distinta y lo que funciona para una persona puede no servir para otra. Por eso es clave contar con un acompañamiento profesional que entienda tu caso y te ayude a identificar tanto los desencadenantes como las mejores estrategias de cuidado.
En la Consulta de Soycomocomo trabajamos de forma personalizada, integrando dermatología, nutrición y hábitos de vida para que tu piel pueda recuperar equilibrio y tu confianza.
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