Psoriasis
Patologías autoinmunes
La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica, inmunomediada y sistémica que afecta principalmente a la piel, pero también puede comprometer articulaciones, corazón, hígado y sistema cardiovascular.
Se caracteriza por la aceleración del ciclo de renovación epidérmica, lo que produce placas eritematosas, engrosadas y descamativas.
No es contagiosa, tiene base genética y ambiental, y suele seguir un curso crónico con brotes y remisiones.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Glenn Cots
Afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque su aparición suele ser más temprana en mujeres y personas con antecedentes familiares.
El inicio típico de la patología suele ser bimodal: entre los 15 y 30 años o entre los 50 y 60. Su prevalencia a nivel global es del 2-3% de la población, más alta en países nórdicos y más baja en africanos, afroamericanos o asiáticos
Causas y factores de riesgo de la psoriasis
Aunque se desconoce el origen exacto, se sabe que está relacionada con factores genéticos, inmunológicos y ambientales.
Genética: la afección es hereditaria. Si uno de los padres tiene psoriasis, el riesgo aumenta.
Inmunológicos: activación anómala de linfocitos T y citoquinas (TNF-α, IL-17, IL-23).
Estilo de vida y desencadenantes ambientales:
Estrés crónico
Infecciones bacterianas o virales
Cortes o quemaduras u otras lesiones en la piel
Clima frío, aire seco o piel seca
Medicamentos: AINEs, antipalúdicos, betabloqueantes, litio, yoduro potásico, corticoides sistémicos, interferón…
Obesidad y síndrome metabólico
Alcohol y tabaco
Tipos de psoriasis
Existen distintos tipos de psoriasis:
Psoriasis en placas (vulgaris): la forma más frecuente de psoriasis (80-90 %). Produce placas eritematosas, engrosadas, con escamas plateadas, principalmente en codos, rodillas, cuero cabelludo y zona lumbar.
Guttata: aparece tras infecciones por Streptococcus. Lesiones en forma de gota en tronco, brazos y piernas.
Inversa: afecta pliegues (ingles, axilas, bajo los pechos). Parches rojos y lisos que empeoran con sudor y fricción. Suele estar provocada por infecciones fúngicas.
Eritrodérmica: es una forma grave y poco común de la psoriasis. Causa inflamación generalizada y descamación de la piel, llegando a afectar más del 75% de la superficie corporal.
Pustulosa: es una forma rara de psoriasis que puede aparecer en el área pequeña de la planta del pie y palma (palmoplantar) o como parches extendidos (generalizada).
Afectación ungueal o de las uñas: causa un crecimiento anormal de las uñas y puede provocar piqueteado, manchas y onicolisis (separación del lecho ungueal).
Artritis psoriásica: aparición de artritis asociada a psoriasis. Se trata de una artropatía inflamatoria crónica, autoinmune, que afecta a articulaciones o tendones. Provoca dolor, rigidez y destrucción articular progresiva.
Síntomas de la psoriasis
La psoriasis suele aparecer de forma repentina o lenta y puede ser dolorosa, dificultar la concentración e interferir en el sueño. Normalmente se presenta en ciclos o brotes que pueden durar de semanas a meses.
Los síntomas más habituales suelen ser:
Erupciones cutáneas irregulares, descamativas y de colores variables (rosadas, rojizas o violáceas)
Picor, ardor o irritación
Dolor o rigidez articular
Uñas engrosadas, amarillentas o con depresiones
Sensación de caspa en el cuero cabelludo
Diagnóstico de la psoriasis
Clínico: basado en la morfología y distribución de las lesiones.
Índices de gravedad (estos índices permiten medir la extensión y el impacto de la psoriasis en la calidad de vida):
PASI (Psoriasis Area Severity Index)
BSA (Body Surface Area)
DLQI (Dermatology Life Quality Index)
Pruebas complementarias: biopsia cutánea solo en casos dudosos.
Artritis psoriásica: criterios CASPAR + imagen (eco, RMN).

Abordaje terapéutico
El tratamiento depende de la extensión, localización, síntomas y comorbilidades.
Terapia tópica: lociones, cremas, champús...
Fototerapia: exposición controlada a luz ultravioleta.
Tratamiento sistémico: fármacos convencionales o biológicos…
Además del tratamiento convencional, otros aspectos que pueden ayudar a mejorar la condición son:
Evitar desencadenantes (estrés, tabaco, alcohol y fármacos).
Controlar el peso y hacer ejercicio físico de forma regular.
Hidratarse la piel con emolientes y humectantes.
Mantener una buena hidratación general.
Gestionar el estrés.
Evitar traumatismos físicos como heridas, roces, golpes, rascados…
Hacer una exposición solar moderada y segura (evitando quemaduras) puede mejorar los síntomas gracias a la radiación UVB.
Favorecer la función hepática, digestiva y renal para apoyar la salud de la piel.
Utilizar jabones poco detergentes y suaves y evitar secarse con las toallas demasiado fuerte.
Nutrición y psoriasis
La evidencia sobre la dieta es emergente, pero aún así se mencionan una serie de alimentos que sería interesante potenciar y otros que deberíamos reducir para mejorar la sintomatología de la patología:
Alimentos o nutrientes a potenciar:
Seguir una dieta mediterránea. Rica en frutas, verduras (especialmente aquellas ricas en carotenos), pescado azul, aceite de oliva y legumbres.
Consumir alimentos ricos en omega-3 (pescado azul, lino, chía).
Llevar una dieta sin gluten en caso de ser celíaco o sensible al gluten no celíaco.
Consumir alimentos ricos en vitamina D, vitamina B12, selenio y fibra.
A evitar/eliminar:
Alcohol
Ultraprocesados y azúcares refinados
Grasas trans y exceso de carnes procesadas
Tabaco
Exceso de carne roja
Suplementación y psoriasis
Por último, en consulta también nos podemos apoyar en suplementos (algunos con buena evidencia, otros con evidencia emergente) que puedan ayudar a mejorar la sintomatología, como:
Vitaminas del grupo B
Omega-3
Vitamina D
Magnesio, zinc y antioxidantes
Coenzima Q10 y vitamina E
Sulforafano
Probióticos
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La psoriasis es una enfermedad frecuente, crónica y con un gran impacto en la calidad de vida. La buena noticia es que hoy contamos con múltiples herramientas para controlarla y mejorar los brotes.
En la Consulta de Soycomocomo trabajamos con un enfoque integral que combina nutrición, suplementación, gestión del estrés y hábitos de vida, siempre en coordinación con el tratamiento médico convencional.
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