Miomas

Salud hormonal femenina

Los miomas uterinos son tumores benignos del músculo liso del útero y constituyen la neoplasia benigna más frecuente en mujeres en edad fértil. Se estima que hasta el 70-80 % de las mujeres desarrollará al menos un mioma a lo largo de su vida, aunque no siempre producen síntomas ni requieren tratamiento. Su crecimiento depende en gran medida de las hormonas sexuales femeninas, por lo que suelen manifestarse durante la vida reproductiva y tienden a reducirse tras la menopausia. Es una patología inflamatoria y estrogenodependiente. Aunque benignos, en algunos casos pueden afectar de forma importante la calidad de vida, la fertilidad y la salud ginecológica.


Artículo firmado por nuestra terapeuta:

Pilar Rodrigáñez

CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO

El origen de los miomas es multifactorial y responde a la interacción entre hormonas, genética y factores ambientales. En el trasfondo suele encontrarse la dominancia estrogénica relativa, es decir, una situación en la que la acción proliferativa de los estrógenos no queda compensada por una adecuada acción de la progesterona. Este desequilibrio hormonal genera un ambiente proliferativo en el útero que facilita el crecimiento de los miomas y puede verse potenciado por distintos factores.

  • Predisposición genética:

    • Antecedentes familiares en primer grado aumentan el riesgo.

    • Mutaciones en genes como MED12 o HMGA2 están presentes en numerosos miomas.

  • Edad reproductiva: más frecuentes entre los 30-50 años.

  • Etnia: mayor prevalencia, inicio más precoz y evolución más agresiva en mujeres afrodescendientes.

  • Factores reproductivos: menarquia temprana y nuliparidad aumentan el riesgo; la paridad (embarazos a término) ejerce un efecto protector. También pueden influir los tratamientos hormonales (THS, fertilidad) o el uso prolongado de anticonceptivos.

  • Estilo de vida y entorno:

    • Sedentarismo y obesidad, que aumentan la aromatización periférica de estrógenos.

    • Estrés crónico, que impacta en el equilibrio entre progesterona y cortisol.

    • Exposición a tóxicos y disruptores endocrinos, que interfieren en la función hormonal y sobrecargan la detoxificación hepática.

  • Déficit de vitamina D: se ha relacionado en estudios observacionales con mayor riesgo de miomas.

SÍNTOMAS

No todas las mujeres con miomas presentan síntomas, pero cuando aparecen, pueden afectar significativamente la calidad de vida. La clínica depende sobre todo del número, tamaño y localización de los tumores.

  • Sangrado menstrual o uterino abundante, irregular o prolongado, con riesgo de anemia.

  • Dismenorrea (dolor menstrual).

  • Dolor pélvico o lumbar, sensación de presión abdominal.

  • Ciclos menstruales cortos.

  • Síntomas urinarios (urgencia, incomodidad) o rectales (estreñimiento) por compresión.

  • Dispareunia (dolor en las relaciones sexuales).

  • Infertilidad o complicaciones en el embarazo.

Signos de alarma que requieren atención: crecimiento rápido de un mioma en la menopausia, dolor pélvico intenso y persistente, hemorragia uterina atípica, imágenes sospechosas en resonancia magnética o resistencia al tratamiento habitual.

PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

El diagnóstico de miomas se basa en la historia clínica, la exploración ginecológica y pruebas de imagen, que permiten valorar la repercusión y planificar el tratamiento más adecuado.

  • Diagnósticos diferenciales: endometriosis, pólipos endometriales, adenomiosis, hiperplasia endometrial, cáncer endometrial.

  • Ecografía transvaginal: prueba inicial de elección, eficaz y accesible.

  • Histeroscopia diagnóstica: muy útil en miomas submucosos; permite, además, obtener biopsias.

  • Resonancia magnética (RM): reservada para casos complejos o planificación quirúrgica, ya que permite mapear con precisión número, tamaño y vascularización.

  • Clasificación FIGO: la más aceptada a nivel internacional. Clasifica los miomas según su relación con la cavidad uterina. Esta clasificación es fundamental para decidir el tratamiento y estimar el impacto en la fertilidad.

  • Analítica: útil para descartar anemia, evaluar vitamina D, marcadores inflamatorios y función hepática, aunque no es determinante para el diagnóstico.

TRATAMIENTO

El tratamiento de los miomas debe individualizarse según la intensidad de los síntomas, el tamaño y la localización de los tumores, así como el deseo de fertilidad de la mujer. No siempre es necesaria la intervención inmediata: en muchos casos basta con una vigilancia periódica. Cuando se requiere actuar, el manejo combina opciones médicas y quirúrgicas con medidas de soporte que ayudan a mejorar la calidad de vida y a modular el terreno hormonal e inflamatorio.

Opciones médicas y quirúrgicas:

  • AINE y ácido tranexámico: útiles para aliviar el dolor y reducir el sangrado, aunque no modifican el tamaño de los miomas.

  • Dispositivo intrauterino con levonorgestrel (LNG-IUS): eficaz para disminuir de forma sostenida el sangrado menstrual.

  • Anticonceptivos hormonales combinados: regulan los ciclos y controlan la menorragia.

  • Análogos y antagonistas de GnRH: reducen temporalmente el tamaño y los síntomas; se usan como preparación a la cirugía o en casos seleccionados.

  • Antagonistas orales de GnRH (relugolix, linzagolix): fármacos recientes con buena eficacia en síntomas moderados a graves.

  • Miomectomía: cirugía conservadora que extrae el mioma y mantiene el útero. Puede realizarse por vía histeroscópica, laparoscópica o abierta.

  • Embolización de arterias uterinas: reduce el tamaño y el sangrado, indicada sobre todo en mujeres sin deseo gestacional.

  • Técnicas ablativas (HIFU, radiofrecuencia): opciones mínimamente invasivas, disponibles en centros especializados.

  • Histerectomía: solución definitiva en casos severos y en mujeres sin deseo reproductivo.

Soporte nutricional, de suplementación y estilo de vida:

Aunque no existe una prevención absoluta, los hábitos saludables y el cuidado del equilibrio hormonal influyen en la evolución de los miomas y en la respuesta a los tratamientos.

  • Alimentación antiinflamatoria y rica en fibra: ayuda a eliminar exceso de estrógenos por vía intestinal y mejora la salud metabólica.

  • Soporte hepático: las crucíferas (brócoli, coles) y los compuestos como indol-3-carbinol favorecen la detoxificación hepática de estrógenos.

  • Control del peso y ejercicio físico: reducen la aromatización periférica de los estrógenos.

  • Vitex agnus-castus: con acción dopaminérgica, ayuda a reducir la prolactina y favorecer niveles adecuados de progesterona.

  • Vitamina D: suplementar en caso de déficit, dado su papel protector descrito en estudios.

  • Omega-3 (EPA/DHA): con efecto antiinflamatorio y regulador.

  • Extracto de té verde (EGCG): algunos ensayos muestran reducción de tamaño y mejora sintomática.

  • Micronutrientes reguladores de la progesterona: como vitamina E, zinc, magnesio o hierro.

  • Manejo del estrés y sueño reparador: fundamentales para mantener la armonía del eje neuroendocrino (progesterona–cortisol–melatonina).

PIDE CITA

Si te han diagnosticado miomas o sospechas que puedan estar detrás de tus síntomas —como reglas abundantes y dolorosas, anemia, molestias pélvicas, digestivas o urinarias, o incluso dificultades para quedarte embarazada—, es importante que no normalices el malestar. Cada mujer es única, y no todas las opciones sirven para todas: el tamaño de los miomas, su localización, tu edad, tu deseo de fertilidad y tu estado de salud global marcan la diferencia en el tratamiento más adecuado.

En nuestra consulta te acompañamos desde un enfoque integrativo que combina la medicina basada en la evidencia con la visión de la psiconeuroinmunología clínica. Nuestro objetivo es tratar los síntomas, pero también profundizar en las causas: el equilibrio hormonal, la salud digestiva y hepática, el impacto del estrés y los hábitos de vida pueden favorecer la aparición o crecimiento de los miomas.

Si buscas un plan personalizado, cercano y adaptado a tus necesidades, pide cita con nuestro equipo. Te ayudaremos a entender qué ocurre en tu cuerpo, qué opciones tienes y cómo mejorar tu calidad de vida.

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