Long Covid

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El long COVID, también conocido como COVID persistente, es una condición multisistémica y multiorgánica caracterizada por síntomas persistentes meses después de la infección inicial por SARS-CoV-2. Lo característico es que estos síntomas pueden persistir o aparecer de nuevo, con patrón de fluctuación o recaídas, que producen un elevado impacto en la calidad de vida personal, social y laboral de los pacientes.


Artículo firmado por nuestra terapeuta:

Gemma Pereira

La terminología utilizada para describir esta nueva condición ha ido variando desde su aparición y en la literatura se puede encontrar bajo nomenclaturas como COVID persistente, síndrome post-COVID-19, COVID prolongado o secuelas posagudas de la infección por SARS-CoV-2 (PASC).

Cabe destacar que el SARS-CoV-2 no es el primer virus en producir síntomas y signos persistentes después de la fase aguda de la infección. Algunos síntomas son parecidos a los experimentados en pacientes con síndrome de fatiga crónica tras infecciones como EBV, CMV, Borrelia o Lyme, Ébola…

Se estima, además, que la mitad de los pacientes (50%) de Long Covid cumplen los criterios diagnósticos de síndrome de fatiga crónica o fibromialgia. Sin embargo, la cifra exacta de prevalencia (número total de afectados) e incidencia (número de nuevos afectados) es incierta debido, en parte, a la heterogeneidad de nomenclaturas y temporalidad en la definición. A pesar de ello, se estima que afecta a más de 65 millones de personas en todo el mundo (febrero 2022), más de 36 millones de personas en Europa (junio 2023) y unos 2 millones de personas en España.

Causas de la patología

La patología aparece tras la infección por el virus SARS-CoV-2 y puede afectar a personas de cualquier edad, sexo, gravedad en la fase aguda de infección y comorbilidades previas.

No obstante, varios estudios de cohortes han observado una mayor prevalencia en mujeres con edades comprendidas entre los 30 y los 50 años y pacientes con fase aguda leve a moderada que no requirieron hospitalización.

Síntomas del covid persistente

Aunque la fatiga es el síntoma más prevalente en pacientes que sufren long COVID, actualmente se han descrito hasta más de 200 síntomas asociados al COVID persistente. Si los ordenamos por sistemas, los síntomas pos-COVID más característicos son:

  • Sistémicos: intolerancia al esfuerzo, fiebre, escalofríos, sofocos, sudores, inflamación de ganglios en axilas y cuello.

  • Respiratorios: dificultad al respirar, tos seca o con mucosidad, secreción nasal.

  • Cardiovasculares: dolor en el pecho, taquicardia, bradicardia, síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS), microcoágulos, debut de hipertensión, miocarditis, pericarditis…

  • Otorrinolaringológicos y oftalmológicos: alteraciones en el sabor y el gusto, dolor y dificultad al tragar, visión borrosa, afonía, sinusitis, acúfenos, pérdida de audición, conjuntivitis, presión en los ojos…

  • Neurológicos, neurocognitivos: dolor de cabeza, dificultad de atención, concentración y aprendizaje, pérdida de memoria, disfunción en el sueño, confusión, desorientación, afasia (problemas para hallar las palabras adecuadas), vértigo, inestabilidad, hipersensibilidad a la luz, neuralgias, parestesias…

  • Gastrointestinales: diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, reflujo gastroesofágico, náuseas, vómito, pérdida de apetito, pérdida de peso…

  • Dermatológicos: caída de cabello, dermatitis, urticaria, síndrome de Raynaud…

  • Ginecológicos, endocrinos y urológicos: periodos menstruales irregulares, disfunción eréctil, problemas en el control de la vejiga, debut de la diabetes mellitus, debut hipotiroidismo/hipertiroidismo…

  • Musculoesqueléticos: dolores articulares y musculares, problemas de movilidad y coordinación, rigidez cervical, costocondritis, pérdida de masa muscular…

  • Psicológicos: como consecuencia de lo anterior: ansiedad, depresión, irritabilidad…

Diagnóstico de la enfermedad

El diagnóstico de long COVID se realiza por parte de un médico de atención primaria o internista, ya sea después de una infección por SARS-CoV-2 confirmada o por sospecha de infección del mismo. En este caso se analiza la historia clínica: se hace una exploración médica completa y se efectúan pruebas que puedan descartar otras patologías.

Cabe tener en cuenta que, a fecha de hoy, aún no existen biomarcadores internacionalmente aceptados ni pruebas de imagen objetivas que puedan confirmar la enfermedad. Aunque sí que algunos estudios han observado alteraciones en marcadores como el cortisol, D-dímero, linfocitos CD4, factores complemento o antitrombina III.

Abordaje terapéutico

Hasta el momento, no existe ningún tratamiento aprobado y efectivo que aborde como diana terapéutica la causa o causas subyacentes propuestas para el COVID persistente.

Dado que se trata de una condición multisistémica y multiorgánica, es importante un abordaje multidisciplinar e integral en el que profesionales de varias especialidades (internistas, endocrinos, cardiólogos, neurólogos, nutricionistas, fisioterapeutas, psicólogos, etc.) trabajen conjuntamente en el abordaje personalizado para cada paciente.

En consulta, realizamos un abordaje orientado a regular aquellos sistemas que se han desequilibrado tras el virus, con el objetivo de:

  1. Regular y relajar el sistema inmunitario, retirando temporalmente aquellos alimentos que puedan activarlo. Además de dar soporte con micoterapia y microinmunoterapia en caso de ser necesario.

  2. Corregir la disfunción mitocondrial o agotamiento adrenal para mejorar la fatiga y la intolerancia al esfuerzo, con suplementos como la CoQ10, NADH y sus precursores, PQQ…

  3. Abordar las alteraciones digestivas y de microbiota que pueden estar alterando la respuesta inmunitaria (disbiosis intestinal, SIBO, Helicobacter pylori, parásitos, hiperpermeabilidad intestinal, etc.).

  4. Favorecer las vías de detoxificación hepática (metilación, glutatión, sulfatación, acetilación).

  5. Reducir la inflamación articular y muscular y la neuroinflamación.

  6. Regular el sistema nervioso autónomo a través de neuromodulación no invasiva.

  7. Regular sistema endocrino-hormonal (glucosa, tiroides...) y cardiovascular. 

    A parte de proponer una alimentación antiinflamatoria para mejorar el COVID persistente, en consulta se recomienda:

  • Suplementación específica como CoQ10, PQQ, PEA, glutatión, omega-3,  vitamina D, enzimas proteolíticas, etc.

  • Medicación, como ivabradina o beta-blocantes en caso de POTS.

  • Rehabilitación física personalizada.

  • Neuromodulación no invasiva  

  • Adopción de hábitos para favorecer la desinflamación y relajación del sistema inmunitario (gestión del estrés, regulación de los ritmos circadianos, terapia con calor o frío y otras estrategias horméticas).


El long COVID o COVID persistente es una enfermedad muy nueva, aún en estudio, y que realmente ha producido una cantidad de síntomas muy variados e invalidantes en una parte importante de la población. Aunque aún no existe una cura universal para el long COVID sí que es un campo en constante evolución, y a medida que se profundiza en el conocimiento de esta afección, se desarrollan nuevas estrategias terapéuticas. En nuestro equipo contamos con profesionales sanitarios especializados en el tratamiento de pacientes con COVID persistente. Si quieres hacer cambios en tu vida que te ayuden a mejorar tu salud, puedes pedir cita en nuestra consulta.

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