Lipedema
Alteraciones metabólicas
El lipedema es una enfermedad crónica del tejido adiposo subcutáneo que involucra el tejido adiposo y su fascia. Se caracteriza por la acumulación anormal de grasa en las piernas, las nalgas, los muslos y, en ocasiones, en los brazos. Esta grasa es diferente a la grasa común, ya que es más densa, dolorosa y se distribuye de manera simétrica en ambas extremidades.
Fue descrita por primera vez en 1940 por los doctores Edgar Allen y Edgar Hines.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Glenn Cots
Esta enfermedad suele empezar a desarrollarse en momentos de cambios hormonales, como la adolescencia, el embarazo, la menopausia o tras el uso de anticonceptivos. Y las pacientes pueden pasar por distintas etapas, aunque no siempre todas las pacientes pasan por ellas:
Etapa 1 - Piel lisa y regular con engrosamiento de la hipodermis
Etapa 2 - Piel irregular con nódulos palpables (piel de naranja)
Etapa 3 - Pliegues de grasa nodular deformantes
Etapa 4 - Lipolinfedema

Ocurre casi exclusivamente en mujeres, entre un 12 y un 20% de la población femenina (pero rara vez se ha informado en hombres). Estas pacientes en muchos casos presentan trastornos psicológicos (TCA o depresión) y hasta el 50% de las mismas, hiperlaxitud articular.
Causas del Lipedema
Las causas exactas del lipedema aún no se conocen por completo, pero se cree que hay una combinación de factores genéticos y hormonales involucrados. El problema de su infradiagnóstico es que muchas veces se confunde con obesidad erróneamente. Algunos factores que podrían influir incluyen:
Genética: Existe una fuerte predisposición familiar. Aunque se desconoce el gen o los genes que subyacen al lipedema. Según algunos estudios, el porcentaje de pacientes que cuenta con familiares oscila entre el 16% y 64%.
Hormonas: Dado el predominio de la ocurrencia en mujeres, se cree que los estrógenos podrían involucrarse como los principales desencadenantes o contribuyentes de esta afección.
Inflamación crónica: Se cree que la inflamación crónica podría contribuir al desarrollo y progresión del lipedema.
Componente metabólico: Aunque en ocasiones el lipedema está asociado a la obesidad, no siempre es así. Incluso cuando estas pacientes bajan de peso, siguen conservando la desproporción.
Síntomas del lipedema
Los síntomas más comunes del lipedema incluyen:
Aumento de volumen y desproporción corporal: Las piernas, los muslos y, a veces, los brazos aumentan de tamaño de forma simétrica.
Dolor y aumento de la sensibilidad: La grasa acumulada suele ser dolorosa al tacto y puede causar molestias al caminar o estar de pie.
Sensibilidad: La piel afectada puede ser más sensible al frío y a los golpes.
Fácil formación de hematomas y cardenales espontáneos: La piel puede presentar moretones con facilidad.
Sensación de pesadez: Las piernas pueden sentirse pesadas y cansadas.
Aspecto de "piel de naranja": Similar a la celulitis, pero más pronunciada y dolorosa.
Hiperlaxitud: mayor facilidad y tendencia a padecer esguinces, torceduras…
Signo de Cuff por encima del tobillo
Fragilidad capilar: disminución de la resistencia de la pared de los capilares sanguíneos.
Nódulos firmes en la grasa subcutánea

Diagnóstico de la enfermedad
A día de hoy no existe ninguna prueba genética o de laboratorio que sirva como diagnóstico del lipedema. Esto hace que muchas veces se confunda con otras condiciones, como la obesidad ginoide o el linfedema. Esto supone un problema, ya que retrasa la aplicación de un tratamiento adecuado para la afección y genera frustración en las pacientes. Para diagnosticar el lipedema, los médicos suelen realizar:
Examen físico: Se evalúa la distribución de la grasa, la sensibilidad y la presencia de dolor.
Ecografía: permite estudiar características de la dermis y el tejido celular subcutáneo.
Elastografía: este método representa una extensión de la ecografía tradicional y su finalidad es cuantificar o demostrar cualitativamente las características del tejido examinado.
Linfogammagrafía isotópica: permite el estudio funcional del sistema linfático y la distribución de la grasa.
Abordaje terapéutico
Hoy en día aún no sabemos si es posible eliminar por completo el lipedema, pero sí que se ha observado en muchas mujeres que se puede reducir su avance e incluso experimentar mejoras. Para ello es necesario abordarlo globalmente, con muchas acciones diferentes que se complementan entre sí y evitan que vuelva a proliferar la grasa.
A nivel convencional, una de las propuestas es la liposucción. Sin embargo, a pesar de que es una forma rápida de reducir la grasa, no siempre tiene un efecto duradero. Debemos tener en cuenta que el hecho de reducir la grasa no implica la desaparición de la condición. Por lo tanto, si no se cambian patrones de vida proinflamatorios, se pueden acabar formando nuevos adipocitos lipedematosos en otras partes del cuerpo o incluso en el mismo sitio. También se aplica la terapia de compresión, ya que el uso de medias de compresión puede ayudar a reducir la inflamación y el dolor.
Dentro de las opciones que trabajamos en consulta tenemos:
Alimentación antiinflamatoria, mediterránea modificada (adaptada a cada caso particular), cetogénica o muy baja en hidratos de carbono: cada caso se ha de abordar de forma particular y se tiene que proponer la alimentación más indicada según si la paciente se encuentra en normopeso o fuera de su peso adecuado. Pero, en general, la alimentación propuesta ayuda a disminuir la grasa corporal (en caso de ser necesario), mejora el edema (en caso de haberlo) y reduce la sensación de hinchazón, dolor y pesadez.
Ayuno intermitente: la inducción a la autofagia es un punto clave durante todo el proceso. El ayuno nos ayuda a conseguirlo, por eso es importante tenerlo presente durante el tratamiento. Se recomienda mantener ayuno intermitente de al menos 12 h, que se podrá prolongar en caso de que sea necesario. Siempre será importante tener en cuenta condiciones concomitantes como el hipotiroidismo, la diabetes, la resistencia a la insulina o la alta prevalencia de TCA en pacientes con lipedema, ya que en estos casos los ayunos pueden llegar a ser altamente contraproducentes.
Ejercicio específico: el ejercicio regular puede mejorar la circulación y reducir el dolor. Para mejorar la condición del lipedema, es imprescindible incluir sesiones semanales de ejercicio de fuerza y natación. Se recomienda un mínimo de 2 sesiones semanales en adelante. Y caminatas intensas de 30 minutos diarios. En cualquier caso, es importante que los ejercicios pautados estén bien dirigidos y se tenga en cuenta el grado de afectación y movilidad de la paciente. Otros ejercicios recomendados son: marcha nórdica, aquagym, elíptica o pilates reformer.
Regulación de los ritmos circadianos
Duchas de agua fría y drenaje linfático manual: esto ayuda a facilitar la circulación de la linfa, depurar y desechar líquidos celulares.
Suplementación: algunos suplementos nos pueden ayudar a bajar la inflamación que acompaña al diagnóstico, como el omega-3, la vitamina C, el magnesio o la bromelina. Siempre bajo la prescripción del profesional.
Terapia manual: Masajes especializados y drenaje linfático manual.

El lipedema puede llegar a ser realmente invalidante. Por desgracia, la medicina convencional muchas veces se queda con el tratamiento alopático y no ofrece alternativas más allá. Además de que se trata a las pacientes con poca empatía y se acaba dando, en muchas ocasiones, un diagnóstico erróneo. Después de muchos años trabajando con pacientes con lipedema, sabemos que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la patología. Pero para ello debemos aplicar cambios en la alimentación, estilo de vida y trabajar, en muchos casos, con suplementos específicos para cada caso.
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