Hipotiroidismo

Patologías autoinmunes

La tiroiditis de Hashimoto (HT) es una enfermedad autoinmune crónica en la que el sistema inmune ataca por error la glándula tiroides, lo que lleva a una producción insuficiente de hormonas tiroideas (T3 y T4). A diferencia de la enfermedad de Graves, donde hay un exceso de estas hormonas, en la tiroiditis de Hashimoto hay una disminución progresiva de su producción, lo que causa hipotiroidismo. Se presenta con o sin signos o síntomas de hipotiroidismo, a menudo con un bocio indoloro, y se asocia con anticuerpos de peroxidasa tiroidea elevados.


Artículo firmado por nuestra terapeuta:

Glenn Cots

Se caracteriza por un “struma linfomatoso”, es decir, una glándula tiroidea agrandada e infiltrada con linfocitos. Tiene una preponderancia étnica, con la raza blanca caracterizada por una mayor incidencia que la negra o asiática. La prevalencia aumenta con la edad, especialmente en pacientes diagnosticados con otras enfermedades autoinmunes como miastenia gravis, esclerosis sistémica, síndrome de Sjögren o enfermedad celíaca, entre otras.

La inflamación crónica de la tiroides (tiroiditis) causa el daño y destrucción de las células tiroideas de forma progresiva, lo que con el tiempo puede conducir a una reducción significativa de la función tiroidea. Cabe también mencionar que en algunos casos puede haber una fase inicial de hipertiroidismo transitorio.

Causas de la patología

Al igual que otras enfermedades autoinmunes, la tiroiditis de Hashimoto tiene una etiología multifactorial. La presentación autoinmune de la TH se basa en la interacción entre factores ambientales y antecedentes genéticos:

  • Genética: Al igual que en la enfermedad de Graves, la herencia juega un papel importante. La presentación de la TH suele guardar relación con polimorfismos en el antígeno leucocitario humano (HLA), el linfocito T asociado a 4 (CTLA-4), la proteína tirosina fosfatasa, genes no receptores tipo 22 (PTPN22) y patrones de inactivación del cromosoma X, lo que lleva a un desequilibrio entre los mecanismos de autotolerancia sostenidos por los linfocitos T y B reguladores.

  • Factores ambientales: Aunque la genética tiene un fuerte peso, los factores ambientales también desempeñan un papel clave:

    • Exceso de yodo: En algunas regiones, el exceso de yodo parece que puede haber sido un factor importante en el desarrollo de trastornos tiroideos autoinmunes, aunque es importante tener en cuenta que el déficit de yodo, por otro lado, se asocia con bocio y con hipotiroidismo no autoinmune.

    • Infecciones virales, bacterianas o parásitos: Se ha sugerido que ciertos patógenos pueden inducir o exacerbar la respuesta autoinmune contra la tiroides. Entre los más habituales encontramos el Blastocystis hominis, el Epstein-Barr, el Herpes Simplex 1 y 2 o el Cytomegalovirus, entre otros.

    • Estrés: Como en otras enfermedades autoinmunes, el estrés prolongado puede desencadenar o empeorar los síntomas, probablemente debido a su impacto sobre el sistema inmunológico y la inducción de la hiperpermeabilidad intestinal.

    • Exposición a toxinas y compuestos químicos. El uso de productos que ponemos sobre la piel, que utilizamos en el hogar, el aire que respiramos…

    • Deficiencia de vitaminas y minerales como la vitamina D o el selenio.

    • Disbiosis intestinal y una composición microbiana baja en Bifidobacterium y Lactobacillus junto a una microbiota dañina como Bacteroides fragilis aumentada. Esto puede acabar aumentando la permeabilidad intestinal y potenciando la entrada de antígenos que activan el sistema inmunitario.

    • Otras condiciones que alteran la microbiota: enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten no celíaca

  • Sexo y edad: Las mujeres son mucho más propensas a desarrollar tiroiditis de Hashimoto (afecta a las mujeres con una frecuencia de 7 a 10 veces mayor que a los hombres), y la enfermedad tiende a presentarse entre los 30 y los 50 años. El riesgo aumenta después del embarazo y la menopausia, lo que sugiere un vínculo hormonal en su desarrollo.

Síntomas de hipotiroidismo

Los síntomas de la tiroiditis de Hashimoto suelen desarrollarse gradualmente, a medida que la función tiroidea disminuye. Algunos de los síntomas más comunes incluyen:

  • Fatiga crónica

  • Aumento de peso

  • Intolerancia al frío

  • Piel seca y cabello quebradizo

  • Estreñimiento

  • Depresión y ansiedad

  • Hinchazón facial

  • Voz ronca

  • Dolor en las articulaciones y los músculos

  • Menstruaciones abundantes o irregulares

  • Pérdida de memoria o dificultades para concentrarse

  • Dolor en las articulaciones y músculos

  • Problemas de fertilidad

  • Aumento del colesterol total, LDL y lipoproteína (a)

  • Calambres musculares

  • Bradicardia

A nivel clínico, es común observar un bocio (agrandamiento de la tiroides), que en ocasiones puede causar molestias al tragar o una sensación de presión en el cuello. Aunque la tiroiditis de Hashimoto suele ser progresiva, algunos pacientes pueden tener fases iniciales de hipertiroidismo (tiroiditis transitoria), en las que los niveles de T3 y T4 están elevados debido a la destrucción de las células tiroideas y la liberación de hormonas almacenadas.

Diagnóstico de la enfermedad

El diagnóstico de tiroiditis de Hashimoto se basa en:

  • Pruebas de laboratorio: Se miden los niveles de hormonas tiroideas (TSH, T3 y T4) y se buscan anticuerpos antitiroideos anti-TPO (anticuerpos contra la peroxidasa tiroidea) y anti-TG (anticuerpos antitiroglobulina). Los anticuerpos de TPO se encuentran en el 95% de los pacientes con HT, mientras que los anticuerpos de tiroglobulina están elevados en el 60% al 80% de los pacientes con HT. Aunque también se pueden detectar en personas sin síntomas de tiroiditis. Por lo tanto, el diagnóstico no se confirmará a no ser que se detecte disfunción tiroidea, típicamente con una TSH elevada y una T4 baja.

  • Ecografía tiroidea: En casos donde se sospecha la presencia de un bocio o nódulos, la ecografía puede ser útil para visualizar el tamaño de la glándula y detectar posibles alteraciones estructurales.

Abordaje terapéutico

En cuanto al abordaje terapéutico, el objetivo principal a la hora de tratar esta patología es principalmente mejorar la sintomatología de los pacientes, reajustar los parámetros tiroideos (reducir TSH y aumentar T3 y T4) y, en la medida de lo posible, reducir la presencia de anticuerpos antitiroideos. Este abordaje consiste en:

  • Tratamiento farmacológico: a nivel alopático, el tratamiento de la tiroiditis de Hashimoto se centra principalmente en la reposición de las hormonas tiroideas que el cuerpo ya no puede producir en cantidades suficientes. En este caso se da la levotiroxina (eutirox). Su dosis se ajusta para mantener los niveles de TSH dentro de los rangos normales y aliviar los síntomas del hipotiroidismo. Es importante ajustar la dosis de manera adecuada, ya que una dosificación excesiva podría inducir síntomas de hipertiroidismo, como ya se mencionó en el caso de Graves.

Por otro lado y desde un punto de vista de la medicina funcional, en consulta, realizamos un abordaje basado en:

  • Una dieta antiinflamatoria:

    • libre de gluten y lácteos de vaca (la gran mayoría de veces)

    • libre de productos procesados y azúcares refinados

    • rica en alimentos con un contenido adecuado de yodo (pescado y marisco) y otros nutrientes como zinc, selenio, hierro, vitamina A o vitamina D

    • limitada en estimulantes (café, té, alcohol, etc.)

    • rica en antioxidantes

  • Ejercicio de forma regular. Especialmente ejercicio de fuerza para mejorar la producción de hormona tiroidea

  • La adopción de hábitos cronobiológicos para mejorar el descanso,

  • El uso de técnicas de relajación

  • Control de la disbiosis intestinal, clave para mantener una buena regulación inmunitaria

  • Detoxificación hepática, ya que su capacidad suele estar disminuida en estos pacientes

  • Abordaje de reactivaciones virales o bacterianas que comprometan la autorregulación del sistema inmunitario en caso de ser necesario

Las enfermedades autoinmunes pueden llegar a ser realmente invalidantes. Por desgracia, la medicina convencional muchas veces se queda con el tratamiento alopático y no ofrece alternativas más allá. Pero después de muchos años trabajando con pacientes con hipotiroidismo, sabemos que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la patología. Pero para ello debemos aplicar cambios en la alimentación, estilo de vida y trabajar, en muchos casos, con suplementos específicos para cada caso.

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Referencias y fuentes

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