Hipertensión
Alteraciones metabólicas
La hipertensión arterial (HTA) es la elevación persistente de la presión sanguínea por encima de los valores normales. Según la OMS, más de 1.200 millones de personas en el mundo la padecen. En España, afecta a alrededor del 42% de la población adulta, y a más del 60% de mayores de 60 años.
El problema de la HTA es que muchos no saben que la padecen, y por eso se le llama la “asesina silenciosa”. En la mayoría de los casos no da síntomas, pero aumenta el riesgo de infarto, ictus, insuficiencia renal y muerte prematura.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Glenn Cots
Encontramos principalmente dos tipos de hipertensión:
Hipertensión arterial esencial o primaria. Se produce por una mezcla de varios factores: genética, edad, sedentarismo, sobrepeso, ingesta excesiva de alcohol, hipersensibilidad al sodio y exceso de activación del eje renina-angiotensina-aldosterona.
Hipertensión secundaria a otra patología. A veces la presión arterial se eleva por una etiología corregible. Normalmente se asocia a patologías renales (como glomerulonefritis), hiperaldosteronismo primario, síndrome de apnea-hipopnea del sueño, hiperparatiroidismo, síndrome de Cushing, feocromocitoma, patologías o alteraciones endocrinas, coartación de la aorta, algunos medicamentos (AINE, anticonceptivos, corticoides, antidepresivos…) y también puede aparecer durante el embarazo o preeclampsia.
CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO
El origen es multifactorial, pero los factores más estudiados son:
Factor hereditario. Tiene una clara asociación con antecedentes familiares.
Edad. El riesgo de hipertensión aumenta con la edad, ya que con el paso de los años los vasos sanguíneos se van debilitando y perdiendo elasticidad.
Raza. Es más común en personas con ascendencia africana.
Sexo. Los hombres suelen ser los más afectados. En mujeres, este riesgo se incrementa a partir de los 55 años (en relación a la menopausia y a la pérdida del efecto protector de los estrógenos).
Exceso de peso u obesidad. A mayor peso, se necesita mayor cantidad de sangre para suministrar oxígeno a los tejidos.
Estrés. Puede contribuir a la elevación de la presión arterial, aunque su impacto directo a largo plazo es más difícil de cuantificar.
Sedentarismo. Las personas que no realizan ejercicio tienden a tener una mayor frecuencia cardíaca. Por lo tanto, el corazón debe hacer un esfuerzo mayor cada vez que realiza una contracción y se ejerce más fuerza sobre las arterias.
Tóxicos como el tabaco y el alcohol pueden dañar el revestimiento de las paredes arteriales.
Glucemia en ayunas alterada (prediabetes) o diabetes diagnosticada.
Dieta elevada en sal y baja en potasio
SÍNTOMAS
La mayoría de las personas no tienen síntomas. En casos de hipertensión muy elevada (crisis hipertensiva) pueden darse:
Dolor de cabeza intenso.
Mareo, visión borrosa.
Molestia en el pecho o dificultad respiratoria.
Náuseas, confusión o incluso sangrado nasal.
La hipertensión solo da síntomas en fases muy avanzadas o en crisis, por eso la única forma fiable de detectarla es midiendo la presión regularmente.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico requiere varias mediciones, no solo una.
Tensión arterial: los valores varían ligeramente según si el cálculo se hace en casa o en la consulta. Si se hacen en la consulta, se considera hipertensión por encima de ≥140/90 mmHg (confirmada en varias visitas). Mientras que en casa se consideraría hipertensión ≥135/85 mmHg, siendo lo óptimo entre 120 y 129 de máxima o sistólica, y 80-84 de diastólica.
Monitoreo ambulatorio (MAPA/AMPA): evita errores por “hipertensión de bata blanca” o “hipertensión enmascarada”.
Evaluación de daño en órganos diana: electrocardiograma, análisis de función renal, fondo de ojo, orina (microalbuminuria), analítica de sangre (hemograma, glucemia basal, HbA1c, urato sérico, creatinina sérica y FGe, sodio y potasio séricos, perfil lipídico, TSH…).

ABORDAJE TERAPÉUTICO
Algunos cambios en el estilo de vida son básicos para estabilizar la presión arterial:
Mantener un peso corporal saludable
Hacer ejercicio físico: al menos 150 min/semana de ejercicio aeróbico moderado + 2 sesiones de fuerza.
Vigilar la relación entre la ingesta de sodio y potasio en la dieta.
Reducir o limitar fuertemente el alcohol y eliminar el tabaco.
Beber suficiente agua
Incorporar alimentos ricos en polifenoles y antioxidantes como aceite de oliva virgen extra, té verde, granada, frutos rojos…
Dormir 7-8 horas y gestionar el estrés con técnicas como mindfulness, yoga o respiración.
Evitar consumir suplementos/alimentos que pueden elevar la presión arterial como: efedra, naranja amarga o regaliz.
Existen suplementos con estudios prometedores como los que tienen polifenoles, magnesio, omega-3, ajo, coenzima Q10, vitamina C, vitamina E, NAC, cúrcuma, licopeno…
Si la tensión sigue elevada, el médico puede prescribir antihipertensivos (IECA, ARA-II, diuréticos, betabloqueantes…).
PIDE CITA
La hipertensión es frecuente, pero no debe normalizarse. La buena noticia es que se puede controlar y reducir el riesgo cardiovascular con cambios en el estilo de vida y, cuando es necesario, con medicación.
En Soycomocomo trabajamos con un enfoque personalizado que integra alimentación, suplementación, hábitos de vida y acompañamiento profesional.
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