Helicobacter Pylori
Desajustes digestivos
El Helicobacter pylori (H. pylori) es una bacteria que convive con nosotros desde hace más de 50.000 años. Reside concretamente en el estómago humano, colonizando la mucosa gástrica, aunque también podemos encontrarlo en el duodeno. Lo curioso de esta bacteria es que, a pesar de habitar un entorno altamente ácido, gracias a distintos mecanismos es capaz de neutralizar estos ácidos, sobrevivir y prosperar, y eso lo ha llevado a convertirse en una de las infecciones bacterianas más comunes a nivel mundial, ya que afecta aproximadamente al 50% de la población.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Glenn Cots
Si bien la mayoría de las personas infectadas no presentan síntomas, en algunos casos, la presencia prolongada de H. pylori puede desencadenar inflamación y llevar a problemas graves, como úlceras gástricas, cáncer gástrico o linfoma MALT.
Causas de la patología
La infección por H. pylori es muy común y se estima que afecta a más de la mitad de la población mundial, aunque no siempre provoca síntomas clínicos. Cuando hablamos de causas, el problema reside principalmente en el terreno. Al igual que a lo largo de nuestro cuerpo, y a pesar de que se creyera lo contrario, tenemos un microbioma gástrico. Tener en equilibrio este microbioma es clave para evitar la infección de esta bacteria en nuestro estómago. Es decir, la alteración o el desequilibrio de este microbioma pueden favorecer que esta bacteria acabe siendo un problema para nosotros.
Aunque la vía exacta de transmisión no está completamente clara, se cree que la infección por H. pylori se adquiere principalmente durante la infancia a través del contacto con heces fecales de personas infectadas o mediante contacto directo por saliva o alimentos. Otros factores que pueden influir en la adquisición y persistencia de la infección incluyen:
Factores socioeconómicos: Condiciones de hacinamiento, falta de acceso a agua potable y saneamiento inadecuado.
Factores genéticos: Algunos genes pueden aumentar la susceptibilidad a la infección o influir en la gravedad de la enfermedad.
Factores ambientales: Dieta, uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y tabaquismo.
Afecciones gástricas preexistentes: Algunas alteraciones gástricas aumentan la susceptibilidad.
Síntomas de infección por Helicobacter pylori
Realmente, la mayoría de personas con infección por Helicobacter pylori nunca presentarán síntomas. Sin embargo, las personas que los sienten pueden llegar a tener sensaciones muy desagradables si no se trata la bacteria. Algunos de los síntomas más habituales:
Dolor o ardor estomacal
Sabor metálico
Sensación de mucosidad en la garganta
Sensación de vacío
Eructos frecuentes
Dolor abdominal
Náuseas y vómitos
Pérdida de apetito
Pérdida de peso involuntaria
Sensación de saciedad precoz y pesadez al comer
Más allá de los síntomas, el Helicobacter puede acabar desarrollando problemas más graves, según si las cepas son más o menos agresivas. Las más habituales son:
Úlceras pépticas: Las úlceras pépticas son lesiones dolorosas en la mucosa gástrica o duodenal.
Cáncer gástrico: El cáncer gástrico es un tipo de cáncer que se origina en el estómago. El H. pylori es un factor de riesgo importante para el cáncer gástrico.
Gastritis atrófica: La gastritis atrófica es una enfermedad que destruye las glándulas gástricas que producen ácido y enzimas digestivas.

Diagnóstico de la enfermedad
Existen diversas pruebas para diagnosticar la infección por Helicobacter pylori. Tenemos:
Prueba del aliento con urea: un método no invasivo y que se considera de los más precisos para diagnosticar a la bacteria. Se basa en la capacidad de la bacteria de producir ureasa. El paciente ingiere urea marcada con carbono radiactivo o nitrógeno-13. Si la bacteria está presente, la urea se descompone en el estómago y libera gas CO₂ marcado, que se detecta en el aliento del paciente. El problema es que se han descrito otras bacterias que también podrían tener la capacidad de formar ureasa.
Anticuerpos Ig Anti-Helicobacter: esta prueba busca anticuerpos contra el Helicobacter pylori en sangre, saliva u orina. Es útil para confirmar una infección pasada, pero no infección activa, ya que los anticuerpos pueden seguir presentes después de la erradicación.
Prueba de antígenos en heces: esta prueba detecta la presencia de antígenos (sustancias producidas por la bacteria) en una muestra de heces. El problema es que podría dar falsos negativos en caso de que el recuento bacteriano fuera bajo.
Endoscopia: método invasivo en el que se introduce un tubo flexible con una cámara por la boca hasta el estómago y duodeno. De esta forma, el médico puede observar el revestimiento del estómago y tomar biopsias para analizarlas en busca de la bacteria.
Abordaje terapéutico
En cuanto al abordaje terapéutico, el objetivo principal a la hora de tratar esta patología es eliminar la bacteria, mejorar el pH del estómago y la capa protectora. Este abordaje consiste en:
Tratamiento antibiótico: a nivel convencional, el tratamiento que se elige en caso de Helicobacter pylori suele ser la terapia triple o cuádruple. Aunque a nivel alternativo la bacteria se suele tratar con aceites esenciales, extractos de plantas u otro tipo de productos. Entre ellos encontramos el orégano, las semillas de comino negro, la berberina, la lactoferrina, el sulforafano…
Revisar el nivel de acidez estomacal: el ácido del estómago nos ayuda a protegernos de agentes infecciosos y evitar que se acaben desarrollando patógenos en nuestro estómago. Además de ser importante para otros aspectos como una buena digestión, la absorción de vitaminas y minerales y la prevención de otro tipo de colonizaciones como el sobrecrecimiento bacteriano. En este punto hay que ir con especial cuidado con el uso continuado de inhibidores de la bomba de protones como el famoso omeprazol.
Tratar la mucosa estomacal en caso de ser necesario: es muy importante tener una buena barrera protectora porque de este modo será más difícil que los patógenos acaben infectando la mucosa gástrica. El problema es que esta capa protectora puede disminuir por distintas causas como estrés mantenido en el tiempo, mal descanso, la toxicidad por metales pesados, la propia infección de la bacteria… Para mejorar la mucosa, se puede trabajar con suplementos como el zinc-carnosina, el aloe vera, la melena de león, el kuzu, el malvavisco, la vitamina A o el omega-7, entre otros.
Una alimentación adecuada: que nos ayude a reducir la sintomatología, bajar la inflamación e irritación y mejorar el estado de las mucosas de nuestro sistema digestivo.
Tener una buena salud bucal: La salud bucal está estrechamente relacionada con la salud gastrointestinal. Una mala higiene bucal puede permitir que las bacterias, incluido el H. pylori, se multipliquen y se desplacen hacia el estómago.
Otros suplementos: además de los mencionados, también es importante mantener unos niveles de vitamina D adecuados, probióticos específicos (algunas de las cepas más estudiadas son Reuteri, Bulgaricus o Acidophilus…), enzimas digestivas en caso de necesitar apoyo para la digestión, astaxantina y beta-carotenos para reducir la inflamación y estrés oxidativo, vitamina C, vitaminas del grupo B…
Valorar la copresencia de otras infecciones como cándidas o el virus Epstein-Barr.
En definitiva, el Helicobacter pylori es una bacteria con una historia compleja y un papel aún no del todo comprendido en la salud humana. Si bien se asocia con diversas patologías gástricas, su presencia podría tener algunos efectos beneficiosos. No siempre es necesario erradicarlo, pero en algunos casos, sí que debemos tratarlo de la forma más respetuosa posible con nuestro organismo. Hacer tratamiento antibiótico con aceites esenciales, combinado con un buen tratamiento de mucosas y la calma del sistema nervioso, puede ser una buena estrategia para lograrlo.

PIDE CITA
El Helicobacter pylori puede llegar a generar mucho daño si no se trata y erradica de la forma adecuada. Por desgracia, la medicina convencional muchas veces se queda con el tratamiento alopático y no ofrece alternativas más allá. Pero después de muchos años trabajando con pacientes con Helicobacter pylori, sabemos que se pueden hacer muchas cosas para erradicar la bacteria de la forma más respetuosa con nuestra salud. Pero para ello debemos aplicar cambios en la alimentación, estilo de vida y trabajar, en muchos casos, con suplementos específicos para cada caso.
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