Gastritis
Desajustes digestivos
La gastritis consiste en una inflamación de la mucosa que recubre las paredes del estómago. Se considera gastritis aguda si su duración es corta, y crónica si perdura meses o años.
En términos histológicos, se pueden distinguir dos categorías: atrófica (si existe una pérdida de glándulas) y no atrófica.
Si no se trata, la gastritis crónica puede causar úlceras y sangrados estomacales. Excepcionalmente, algunos tipos de gastritis crónicas pueden incrementar el riesgo de padecer, a largo plazo, cáncer de estómago.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Gemma Pereira
Resulta difícil estimar la prevalencia e incidencia de la gastritis debido a sus múltiples etiologías. Estudios recientes estiman que la gastritis crónica atrófica afecta, aproximadamente, al 25% de la población mundial. Además, este riesgo es 2,4 veces mayor en pacientes con Helicobacter pylori.
Causas de la patología
Entre las causas principales de padecer gastritis, podemos destacar:
Infecciones. La causa principal es la infección por Helicobacter pylori; no obstante, también puede producirse tras la infección por otras bacterias (Helicobacter helmainii, Actnomices, etc.), infecciones virales (CMV, EBV, HSV), hongos (Cándida spp.) o parásitos (Giardia, Toxoplasma, Anisakis...).
Estrés crónico y trastornos del sueño
Abuso de tóxicos como el tabaco o el alcohol.
Uso frecuente de medicamentos como AINES (ibuprofeno, naproxeno).
Edad avanzada
Gastritis autoinmune. Se trata de un proceso inflamatorio crónico que afecta a la mucosa que recubre el cuerpo y fundus gástrico, reemplazándola por mucosa atrófica. Esto provoca una disminución de la secreción de ácido clorhídrico, pérdida de factor intrínseco y, como consecuencia, déficit en la absorción de hierro y vitamina B12.
Gastritis alcalina producida por reflujo de la bilis hacia el estómago.
Otras enfermedades: como enfermedad de Crohn, celiaquía, VIH...
Síntomas de la gastritis
La gastritis puede cursar de forma sintomática o asintomática. En el primer caso, los síntomas más prevalentes son:
Sensación de ardor de estómago.
Dolor abdominal, a menudo, punzante.
Náuseas y vómitos.
Gases (eructos).
Sensación de saciedad y plenitud en la parte superior del abdomen después de haber comido.
Inapetencia
Malestar si se está demasiadas horas sin comer.
Heces negras y vómitos en sangre en caso de que la gastritis produzca sangrado en el revestimiento del estómago.

Diagnóstico de la enfermedad
Entre las pruebas y exámenes que se pueden realizar para diagnosticar una gastritis se encuentran:
Análisis de sangre: para detectar una posible anemia y déficits micronutricionales (hierro, transferrina, índice de saturación de transferrina, ferritina, vitamina B12, vitamina B9, vitamina C, calcio, zinc, cobre...) o autoinmunidad (anticélulas parietales, antifactor intrínseco). La gastrina, el pepsinógeno, la amilasa o la lipasa son otros marcadores analíticos de la función gastroduodenal.
Gastroscopia y biopsia de la mucosa gástrica: es el estándar para llevar a cabo el diagnóstico, identificar su distribución, gravedad y origen.
Análisis de heces: permite verificar si hay sangrado, que puede ser un signo de hemorragia causada por gastritis, y para detectar la presencia de Helicobacter pylori.
Abordaje terapéutico
A lo largo del sistema digestivo tenemos diferentes niveles de acidez, siendo el estómago el que presenta una mayor acidez. El pH ideal es de 1-3 (el del intestino delgado es de 5-7 y el del intestino grueso de 8). Este pH ácido permite activar y estimular enzimas que facilitan la digestión de proteínas y la absorción de grasas y carbohidratos en el intestino, así como activar la absorción de minerales y vitaminas como el hierro o la vitamina B12.
Cuando existe una gastritis, la mucosa del revestimiento se ve alterada y, por lo tanto, también la capacidad de generar ácido clorhídrico o factor intrínseco para que se dé una correcta absorción de macro y micronutrientes.
Los antiácidos o inhibidores de la bomba de protones (omeoprazol, lansoprazol, pantoprazol, etc.) no abordan la causa del problema y, pese a que pueden ser útiles a corto plazo para aliviar los síntomas en caso de la existencia de úlcera péptica, a largo plazo inhiben la producción natural del ácido estomacal, lo que genera un círculo vicioso que no solo afecta al estómago, sino a todo el sistema digestivo, ya que provoca disbiosis intestinal y favorece el sobrecrecimiento de microorganismos patógenos.
En medicina funcional, el abordaje terapéutico dependerá del factor o factores que estén causando la gastritis. En términos generales, el tratamiento tendrá como objetivo:
Identificar, eliminar el agente y abordar los agentes causantes: Helicobacter pylori, CMV, medicamentos, estrés crónico, etc.
Reducir la inflamación y calmar las mucosas mediante una alimentación protectora y baja en alimentos irritantes (cítricos, ácidos, alcohol, café, rebozados, fritos, comidas picantes, ultraprocesados, gluten, lácteos, alimentos que fermentan, etc.).
Recuperar la mucosa de revestimiento del estómago mediante suplementos como la glutamina, el aloe vera, el espino amarillo, zinc carnosina, kudzu, melena de león, etc.
Recuperar el PH del estómago y equilibrar la microbiota del estómago
Acompañar el proceso digestivo a través de enzimas digestivas

Ciertas condiciones de salud pueden llegar a ser realmente invalidantes. Por desgracia, en la medicina convencional muchas veces se quedan con el tratamiento alopático y no se ofrecen alternativas más allá. Pero después de muchos años trabajando con pacientes con gastritis, sabemos que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la patología. Pero para ello debemos aplicar cambios en la alimentación, estilo de vida y trabajar, en muchos casos, con suplementos específicos para cada caso.
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