Fatiga crónica

Síndromes de sensibilización central

El síndrome de la fatiga crónica (SFC) o encefalomielitis miálgica (EM) es una enfermedad multisistémica compleja, neurológica e inmunomediada que se caracteriza por una fatiga física y mental intensa y debilitante que no disminuye con el reposo y empeora con el ejercicio.

Aunque la fatiga extenuante es el síntoma más característico, se han descrito más de 60 síntomas que afectan a prácticamente todos los sistemas del cuerpo.

El SFC ha estado plagado de controversia y escepticismo por parte de la comunidad médica y científica sobre los continuos desacuerdos sobre el nombre de la enfermedad, sus causas, fisiopatología y la baja eficacia de los pocos tratamientos disponibles en la actualidad.

Si bien se considera, como el caso de la fibromialgia, un síndrome englobado en el fenómeno de la sensibilización central, durante los últimos años, ha aumentado su interés debido a su superposición con el síndrome de Covid persistente. Se calcula que la mitad de los pacientes (50%) de LongCovid cumplen los criterios diagnósticos de síndrome de fatiga crónica.


Artículo firmado por nuestra terapeuta:

Gemma Pereira

El SFC es conocido por la "enfermedad de los mil nombres". De hecho, hoy en día, no existe consenso sobre qué concepto describe mejor la condición. No obstante, a continuación se identifican algunos de los nombres alternativos que se pueden encontrar en la literatura científica:

  • Encefalitis miálgica (EM): es el nombre que se suele utilizar en los países de habla inglesa, haciendo alusión a la inflamación del sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y la mialgia (dolor muscular).

  • Enfermedad de intolerancia sistémica al ejercicio (SEID): es el nombre propuesto en 2015 por la IOM.

  • Síndrome de fatiga posviral: nomenclatura propuesta por la OMS y clasificación oficial a nivel mundial.

  • Síndrome posinfección aguda (PAIS)

  • Síndrome de disfunción inmune por fatiga crónica (CFIDS)

  • Síndrome de disfunción inmune activada crónica (CAIDS)

  • Síndrome posmononucleosis. 

CAUSAS DE LA PATOLOGÍA

Se calcula que existen 20 millones de afectados en todo el mundo. En España en concreto, se calcula que existen unos 200.000.

Cualquier persona puede contraer SFC, aunque se considera que es más común en mujeres de entre 40 y 60 años.

La causa de SFC aún no se conoce, pero se considera que es una combinación de factores genéticos y medioambientales.

  • Factores genéticos. Se han identificado varios genes que predisponen a SFC, en concreto, aquellos genes que regulan la neurotransmisión, la respuesta inflamatoria y la respuesta hormonal.

  • Infección previa: se considera que hasta el 80% de los casos ha iniciado la sintomatología después de una infección viral (Epstein-Barr, herpesvirus, citomegalovirus, enterovirus, coronavirus (incluido el SARS-CoV-2), entre otros patógenos.

  • Exposición a tóxicos: hasta una tercera parte de los pacientes ha tenido contacto continuado con sustancias químicas (insecticidas, pesticidas, productos de limpieza, de higiene personal o cosméticos). La mayoría de estos pacientes, además, presentan fenómenos de sensibilidad química múltiple (SQM).

  • Estrés físico o emocional intenso o sostenido en el tiempo: un sobreesfuerzo físico (hay varios deportistas de élite con esta enfermedad), intervención quirúrgica, traumatismo, embarazo o estrés emocional significativo.

  • Alteración en la microbiota intestinal causada por una alimentación proinflamatoria.

  • Disfunción mitocondrial y del metabolismo bioenergético

  • Alteración de alguna o varias de las vías de depuración hepática (metilación, glutatión, sulfatación, glucoronidación, acetilación, etc.).

SÍNTOMAS

Aunque la fatiga extenuante es el síntoma más característico, el SFC afecta  prácticamente a todos los sistemas.

Los síntomas y la intensidad son fluctuantes a lo largo del tiempo, lo que puede cursar en forma de brote si la persona se expone a factores que actúan como desencadenantes (virus, tóxicos o factores ambientales) o de forma espontánea.

Entre las manifestaciones más comunes se encuentran:

  • Fatiga física y cognitiva inexplicable, persistente o recurrente.

  • Intolerancia al esfuerzo.

  • Malestar o fatiga posejercicio (PEM). Este síntoma es de los más particulares del SFC y se puede producir hasta 24-48 horas después de haber realizado un esfuerzo físico, cognitivo o emocional, hecho que, al principio, despista bastante al afectado. Los síntomas que se presentan al cabo de unas horas de hacer el esfuerzo físico o mental incluyen una fatiga excesiva, fiebre, dolor de garganta, inflamación de los ganglios (adenopatías).

  • Dolor muscular y articular generalizado, rigidez tensional.

  • Disfunción del sueño: sueño no reparador, pérdida de las fases más profundas del sueño, insomnio invertido o irregular, hipersomnia, somnolencia diurna.

  • Disfunciones cognitivas: niebla mental, confusión cognitiva, lentitud en el procesamiento de información, dificultad para hablar o recuperar palabras, dislexia intermitente, problemas con la escritura, lectura y cálculos, disfunción de la memoria (sobre todo a corto plazo); dificultad para mantener atención en situaciones que requieren división de esfuerzos.

  • Dolor de cabeza intenso. 

  • Alteraciones perceptivas: dificultad para concentrarse o enfocar la visión, dificultad para hacer frente a cambios complejos y de ritmo, inestabilidad espacial y desorientación, pérdida de la propiocepción.

  • Sobrecarga sensorial: hipersensibilidad a la luz, al ruido, a los olores, alimentos o medicamentos. Sensación de sobrecarga de información, incapacidad de hacer múltiples tareas a la vez y de tomar decisiones. También se puede experimentar una sobrecarga emocional.

  • Síntomas cardiovasculares: síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS), hipotensión neuralmente mediada, palpitaciones.

  • Síntomas respiratorios: respiración irregular.

  • Síntomas digestivos y urinarios: diarrea, estreñimiento, náuseas, disfunción de la vejiga urinaria.

  • Síntomas inmunológicos y otros: episodios de febrícula y sudoración, pérdida de estabilidad termostática (fluctuación de temperatura a lo largo del día, sensación distérmica, intolerancia al frío y al calor extremos, sensación de calor local…), hipersensibilidad a sustancias químicas tóxicas.

Cabe decir que la mayoría de los síntomas cardiovasculares, respiratorios, digestivos o urinarios son consecuencia de la disfunción del sistema nervioso autonómico o disautonomía.

Existen varios grados de gravedad según la prevalencia de los síntomas. Se estima que 1/4 de los pacientes presenta un SFC grave y está confinado en su casa o en cama.

DIAGNÓSTICO

En la actualidad, no existe ninguna prueba de laboratorio o de imagen que permita saber si una persona sufre SFC. Este hecho dificulta su diagnóstico, conjuntamente con la heterogeneidad de síntomas presentada por los pacientes y la falta de conocimiento o escepticismo aún existente por una parte de la comunidad médica.

Se calcula que hasta el 90% de personas con SFC aún no han sido diagnosticadas y que el 29% de las diagnosticadas tuvieron que esperar 5 años o más.

El síndrome de fatiga crónica fue reconocido y definido por primera vez por la OMS en 1969 y, desde entonces, ha habido varios intentos para consensuar a nivel internacional los criterios de diagnóstico:

  • Holmes CDC en 1988

  • Fukuda CDC en 1994

  • Canadian Consensus Criteria en 2003

  • Interntional Consensus Criteria en 2011

  • Institut of Medicine (IOM) en 2015

Según el IOM, para el diagnóstico de SFC se requiere la presentación de los siguientes síntomas:

  • Fatiga crónica con afectación sustancial de las actividades ocupacionales, educativas, sociales y personales respecto a los niveles previos con una duración de más de 6 meses.

  • Malestar posesfuerzo (PEM). 

  • Sueño no reparador. 

Asimismo, también se requiere, al menos, una de las siguientes manifestaciones:

  • Deterioro cognitivo. 

  • Intolerancia ortostática (POTS)

Debido a que los síntomas se superponen con varias enfermedades (fibromialgia, Lyme, Hashimoto, etc.). Es necesario efectuar una evaluación clínica completa para hacer el diagnóstico diferencial.

ABORDAJE TERAPÉUTICO

Dado que se trata de una condición multisistémica y multiorgánica, la medicina funcional propone un abordaje multidisciplinar, integral y personalizado que tenga en cuenta todas las posibles causas y sistemas afectados (p. ej., sistema inmunitario permanentemente activado por exposición a virus, bacterias, tóxicos ambientales, metales pesados; fatiga adrenal; alteración de la microbiota).

Por lo tanto, en consulta, realizamos un tratamiento orientado a restaurar el desequilibrio de aquellos sistemas alterados, con el objetivo de:

  1. Regular y relajar el sistema inmunitario, retirando temporalmente aquellos alimentos que puedan activarlo. Soporte de micoterapia y microinmunoterapia si es necesario.

  2. Corregir la disfunción mitocondrial o agotamiento adrenal para mejorar la fatiga e intolerancia al esfuerzo, con suplementos como la CoQ10, NADH y sus precursores, PQQ…

  3. Abordar las alteraciones digestivas y de microbiota que pueden estar alterando la respuesta inmunitaria (disbiosis intestinal, SIBO, Hpy, parásitos, hiperpermeabilidad intestinal, etc.).

  4. Favorecer las vías de detoxificación hepática (metilación, glutatión, sulfatación, acetilación).

  5. Reducir la inflamación articular y muscular y la neuroinflamación.

  6. Regular el sistema nervioso autónomo a través de neuromodulación no invasiva.

  7. Regular sistema endocrino - hormonal (glucosa, tiroides...) y cardiovascular. 

A parte de proponer una alimentación antiinflamatoria, en consulta se recomienda:

  • Suplementación específica (CoQ10, omega-3, vitamina D, lactoferrina, quercetina, cúrcuma, PEA, micoterapia, microinmunoterapia, etc.).

  • Medicación (p. ej., ivabradina o beta-bloqueantes en caso de POTS).

  • Rehabilitación física personalizada.

  • Neuromodulación no invasiva.

  • Adopción de hábitos para favorecer la desinflamación y relajación del sistema inmunitario (gestión del estrés, regulación de los ritmos circadianos, terapia con calor o frío y otras estrategias horméticas).

A nivel médico, se puede proporcionar tratamiento farmacológico para paliar ciertos síntomas, como el dolor (antiinflamatorios y analgésicos), insomnio (benzodiacepinas), estado de ánimo (antidepresivos, antidepresivos tricíclicos, inhibidores de la recaptación de serotonina, neurolépticos, etc.). Sin embargo, la administración de estos fármacos, sin el abordaje de las causas e intervención sobre hábitos de vida, va a resultar insuficiente y, en la mayoría de los casos, ineficaz.

PIDE CITA

Un diagnóstico como el síndrome de fatiga crónica puede llegar a ser realmente invalidante. Por desgracia, la medicina convencional muchas veces se queda con el tratamiento alopático y no ofrece alternativas más allá. Pero después de muchos años trabajando con pacientes con este diagnóstico, sabemos que se pueden hacer muchas cosas para mejorar la sintomatología asociada. Pero para ello debemos aplicar cambios en la alimentación, estilo de vida y trabajar, en muchos casos, con suplementos específicos para cada caso.

En la Consulta de Soycomocomo contamos con un equipo multidisciplinar de profesionales sanitarios que te pueden ayudar a mejorar tu salud.

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