Esclerosis múltiple
Patologías autoinmunes
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune que afecta al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal). Se caracteriza por la destrucción de la mielina, la sustancia que recubre y protege las fibras nerviosas, lo que interfiere en la transmisión de los impulsos eléctricos. Es una de las principales causas de discapacidad neurológica en adultos jóvenes, con mayor prevalencia en mujeres y en países de latitudes más altas.
Artículo firmado por nuestra terapeuta:
Pilar Rodrigáñez
Causas y factores de riesgo
La esclerosis múltiple es una enfermedad multifactorial en la que interactúan predisposición genética y factores ambientales. Entre las causas y factores de riesgo más estudiados se incluyen:
Predisposición genética: riesgo mayor en familiares de primer grado.
Sexo femenino: la enfermedad es más prevalente en mujeres jóvenes.
Déficit de vitamina D y baja exposición solar.
Tabaquismo, relacionado tanto con mayor riesgo como con peor evolución.
Obesidad en la adolescencia, sobre todo en mujeres.
Infecciones virales previas, en particular el virus de Epstein-Barr.
Factores ambientales como residir en latitudes altas.
Síntomas de la EM
La esclerosis múltiple puede dar lugar a manifestaciones muy diversas, que varían según las zonas del sistema nervioso afectadas:
Fatiga intensa y persistente, uno de los síntomas más frecuentes e incapacitantes.
Debilidad muscular y pérdida de fuerza en las extremidades.
Alteraciones de la sensibilidad, como hormigueos, entumecimiento o sensación de corriente eléctrica.
Problemas visuales, incluyendo visión borrosa o pérdida de visión en un ojo (neuritis óptica).
Dificultades de coordinación y equilibrio, con torpeza en los movimientos o inestabilidad al caminar.
Rigidez o espasticidad muscular, que puede limitar la movilidad.
Dolor neuropático y calambres musculares.
Alteraciones cognitivas (problemas de memoria, atención o concentración).
Trastornos emocionales, como depresión o ansiedad.
En fases más avanzadas, problemas urinarios o intestinales, con urgencia, incontinencia o estreñimiento.
Diagnóstico de la EM
El diagnóstico de la Esclerosis múltiple es clínico y se apoya en diferentes pruebas complementarias:
Historia clínica detallada y exploración neurológica, para valorar la aparición de síntomas en brotes y en distintas áreas del sistema nervioso central.
Resonancia magnética (RM): es la prueba de imagen más útil; permite detectar lesiones características de desmielinización en cerebro y médula espinal.
Análisis de líquido cefalorraquídeo (punción lumbar): puede mostrar bandas oligoclonales, indicativas de inflamación en el sistema nervioso central.
Potenciales evocados: miden la respuesta eléctrica del cerebro a estímulos visuales, auditivos o sensitivos, detectando lesiones subclínicas.
Criterios de McDonald (última actualización 2017): combinan la clínica con hallazgos radiológicos y de laboratorio para confirmar el diagnóstico.

Tratamiento
El tratamiento de la esclerosis múltiple tiene como objetivos reducir la actividad inflamatoria, enlentecer la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida del paciente. Se recomienda un enfoque multidisciplinar:
Tratamiento modificador de la enfermedad (fármacos inmunomoduladores e inmunosupresores): como interferones beta, acetato de glatirámero, anticuerpos monoclonales y moduladores orales, que reducen la frecuencia y gravedad de los brotes.
Tratamiento de los brotes agudos: los corticoides a altas dosis se emplean para disminuir la inflamación y acelerar la recuperación.
Tratamiento sintomático: orientado a controlar la espasticidad, el dolor neuropático, la fatiga, las alteraciones urinarias y del estado de ánimo.
Rehabilitación y ejercicio adaptado: fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional son esenciales para preservar la movilidad, la fuerza y la autonomía funcional.
Abordaje nutricional y de hábitos de vida: se recomienda una alimentación antiinflamatoria, rica en frutas, verduras, grasas saludables (omega-3 de pescado azul y semillas) y baja en ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas trans. La exposición solar adecuada o suplementación con vitamina D son medidas clave.
Suplementación de apoyo: según cada caso, pueden valorarse ácidos grasos omega-3, vitamina D, antioxidantes como la vitamina C y E, y nutrientes implicados en la función mitocondrial y el sistema inmune (coenzima Q10, NAC). Se recomienda siempre una valoración individualizada.
Estilo de vida saludable: dejar de fumar, mantener un peso adecuado, practicar actividad física regular y técnicas de manejo del estrés (meditación, yoga, mindfulness) contribuyen a mejorar el pronóstico.
Apoyo psicológico y social: la terapia psicológica y el acompañamiento de asociaciones de pacientes ayudan en la adaptación y el afrontamiento de la enfermedad.
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Abordar la esclerosis múltiple de forma integral marca la diferencia: un enfoque personalizado permite reducir la inflamación, enlentecer la progresión de la enfermedad y mejorar la calidad de vida.
En la Consulta de Soycomocomo trabajamos con una visión basada en la evidencia científica y adaptada a cada persona: nutrición antiinflamatoria, suplementación específica, ejercicio y rehabilitación, apoyo psicológico y estrategias de autocuidado que potencian la autonomía.
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