Candidiasis vaginal

Salud hormonal femenina

La Candida Spp. es un hongo que forma parte de nuestra microbiota y vive habitualmente sin causar daño. En su forma de levadura unicelular y en equilibrio, incluso puede aportar beneficios:

  • Secuestra metales pesados como cadmio y mercurio.

  • Produce pequeñas cantidades de vitaminas del grupo B.

  • Compite con bacterias oportunistas por espacio y nutrientes.

  • Estimula la inmunidad mucosal (especialmente IgA).

Sin embargo, cuando el entorno (pH, nutrientes, inmunidad local…) se desequilibra, puede transformarse en un patógeno frente al que surgen infecciones digestivas o vulvovaginales.


Artículo firmado por nuestra terapeuta:

Glenn Cots

La Candida albicans es la especie responsable de la mayoría de los casos, especialmente cuando su forma filamentosa (hifas) le permite invadir tejidos y evadir defensas.

PROLIFERACIÓN DE LA CÁNDIDA

La Candida puede proliferar en prácticamente cualquier zona del cuerpo donde exista una mucosa o un entorno húmedo y rico en nutrientes, pero sus localizaciones más frecuentes son:

  • Intestino delgado: allí puede provocar un sobrecrecimiento fúngico intestinal (Small Intestinal Fungal Overgrowth, SIFO).

  • Vagina y vulva: origina la candidiasis vulvovaginal, especialmente cuando disminuyen los Lactobacillus protectores o cambia el pH vaginal.

  • O también en otras localizaciones menos comunes como:

  • La cavidad oral (muguet), sobre todo en bebés, personas inmunodeprimidas o tras tratamientos antibióticos prolongados.

  • Piel y pliegues cutáneos (ingles, axilas y debajo del pecho), en zonas húmedas como ingles, axilas o debajo de mamas.

  • Uñas (onicomicosis por Candida)

CAUSAS DEL SOBRECRECIMIENTO DE CÁNDIDA

Este tipo de disbiosis, al igual que sucede con el resto, no ocurre por azar, sino que suele estar favorecida por alteraciones del entorno digestivo o malos hábitos de vida. Las causas más habituales son:

  • Baja acidez estomacal o hipoclorhidria

  • EPI o insuficiencia pancreática exocrina

  • Uso repetido de antibióticos, corticoides o anticonceptivos hormonales

  • Disminución de la motilidad intestinal

  • Dietas muy ricas en hidratos de carbono simples o alimentación proinflamatoria

  • Hábitos tóxicos como tabaco o alcohol

  • Estrés crónico

En el caso de la aparición de la candidiasis vulvovaginal, suele ser el resultado de un desequilibrio previo del terreno.

  • SIFO intestinal no tratado como origen de candidiasis recurrente.

  • Duchas vaginales y jabones agresivos que alteran el pH y la microbiota.

  • Cambios hormonales (fase preovulatoria, menopausia).

  • Uso de toallitas íntimas con químicos irritantes.

  • Humedad prolongada por ropa ajustada o bañadores mojados.

  • Inmunosupresión o enfermedades crónicas.

SÍNTOMAS DE LA CÁNDIDA

Los síntomas de la cándida pueden variar según la zona afectada. En general, los síntomas, según donde se encuentre la proliferación, serán:

  • A nivel intestinal (SIFO)

Los síntomas son similares a los de otros tipos de disbiosis intestinal, lo que complica su diagnóstico. En general, aparecen algunos como hinchazón, gases, eructos, náuseas, diarrea o estreñimiento. Y también otros inespecíficos como cansancio, necesidad de comer dulces o hidratos de carbono de absorción rápida.

Existe un síntoma bastante característico que nos puede ayudar a identificar su sobrecrecimiento, la embriaguez postprandial. Esta hace referencia a la sensación de rubor facial, sensación de somnolencia, “neblina mental” tras la ingesta de alimentos.

  • A nivel vulvovaginal

En el caso de la candidiasis vulvovaginal, los síntomas suelen ser bastante concretos. Flujo blanco espeso (tipo requesón), sin mal olor, prurito intenso en vulva o vagina, enrojecimiento, ardor al orinar o durante las relaciones sexuales.

  • En boca, piel y uñas

En la boca, se manifiesta con placas blancas cremosas sobre la lengua, encías o interior de las mejillas, que pueden desprenderse al raspar, dejando una zona enrojecida y sensible; también puede provocar dolor, sensación de ardor y alteración del gusto.

En la piel, especialmente en pliegues cálidos y húmedos como ingles, axilas o debajo del pecho, provoca lesiones enrojecidas, húmedas, con bordes definidos y descamación, a menudo acompañadas de picor o escozor.

En las uñas, la infección produce cambios de color (blanco, amarillento o marrón), engrosamiento, fragilidad y deformidad; a menudo se asocia a paroniquia crónica, con inflamación, enrojecimiento y dolor en la piel que rodea la uña, sobre todo en personas con las manos expuestas de forma prolongada a la humedad.

DIAGNÓSTICO DE LA CÁNDIDA

Existen varias pruebas para diagnosticar la cándida y se han de hacer siempre acompañadas de la evaluación clínica del paciente.

En general, las pruebas más utilizadas son:

  • Coprocultivo (cándida en heces)

  • PCR fecal (más sensible que el coprocultivo)

  • Test de ácidos orgánicos en orina

  • Microscopía o cultivo vaginal

ABORDAJE TERAPÉUTICO

El tratamiento debe ir más allá de eliminar el hongo: es clave corregir las causas de fondo para prevenir recaídas.

Al igual que sucede con cualquier tipo de disbiosis, el tratamiento ha de tener en cuenta tres aspectos.

  • Erradicar: reducir la carga del hongo

  • Reparar: reparación y protección de las mucosas

  • Repoblar: restablecer una microbiota equilibrada (repoblar)

Para erradicar, utilizaremos tratamientos naturales (lactoferrina, aceite de orégano, berberina, tomillo, Pau d’arco…) o antifúngicos sistémicos como fluconazol o locales como nistatina. En el caso de candidiasis vaginal, podemos optar por lactoferrina intravaginal u otros antifúngicos tópicos o sistémicos según la severidad.

A la hora de tratar las mucosas, intentaremos calmar la inflamación, aliviar los síntomas, restaurar la integridad, reducir la permeabilidad y reparar la mucosa. Para la mucosa digestiva, optaremos por zinc carnosina, espino amarillo, glutamina, vitamina A, aloe vera o melena de león. Mientras que a nivel vulvovaginal será interesante revisar suplementos con ácido hialurónico, aloe vera y centella asiática.

Para repoblar utilizaremos probióticos variados según el enfoque del tratamiento. Si hablamos a nivel intestinal, buscaremos opciones como el Saccharomyces boulardii  o el Lactobacillus acidophilus (ej.: Symbiolact, Enterelle). Mientras que a nivel vaginal nos centraremos en otras cepas como Lactobacillus crispatus, plantarum, gasseri, fermentum, rhamnosus, jensenii (ej.: LactyPro, Femeferrina, Probio3…).

LA ALIMENTACIÓN

Durante el tratamiento conviene:

  • Reducir azúcares refinados, ultraprocesados, harinas blancas, grasas trans y aceites refinados.

  • Limitar gluten y lácteos si hay sensibilidad.

  • Priorizar hidratos de bajo índice glucémico (tubérculos, legumbres, pseudocereales, fruta fresca moderada).

  • Incluir alimentos antifúngicos y protectores de mucosas: ajo, cebolla, jengibre, orégano, tomillo, aceite de coco, semillas de calabaza, frutos del bosque, té verde, crucíferas cocidas, caldos, aloe vera, gelatina natural.

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La candidiasis recurrente puede llegar a convertirse en un problema agotador y frustrante. Muchas veces, la medicina convencional se centra únicamente en antifúngicos, pero la verdadera solución no está solo en “matar bichos”, sino en restaurar el equilibrio interno.

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