Artrosis

Patologías musculoesqueléticas

La artrosis (u osteoartritis) es una enfermedad crónica y degenerativa de las articulaciones caracterizada por el desgaste progresivo del cartílago articular, el engrosamiento del hueso subyacente (esclerosis subcondral) y la formación de osteofitos.

Es la enfermedad articular más frecuente y una de las principales causas de dolor crónico y discapacidad en adultos mayores.

A diferencia de la artritis reumatoide, la artrosis no es una enfermedad autoinmune ni inflamatoria primaria, aunque puede cursar con inflamación secundaria.


Artículo firmado por nuestra terapeuta:

Glenn Cots

Se trata de una patología que afecta al 10-15% de la población mundial adulta, teniendo en España una prevalencia estimada del 29-33% en mayores de 40 años.

Suele ser más frecuente en mujeres, especialmente tras la menopausia, y las articulaciones más afectadas son rodillas, caderas, manos y columna lumbar/cervical.

CAUSAS DE LA ARTROSIS

La artrosis tiene un origen multifactorial:

  • Edad avanzada: el envejecimiento es el principal factor de riesgo para el desarrollo de artrosis.

  • Sexo femenino: mayor prevalencia, especialmente tras los 50 años. La mayoría de los estudios sugieren que las mujeres son más propensas a desarrollar problemas sintomáticos en comparación con los hombres.

  • Predisposición genética: la susceptibilidad a la artrosis se considera de naturaleza poligénica y existen más de 80 genes implicados en la patogénesis.

  • Obesidad y sobrepeso: sobrecarga mecánica y aumento de inflamación sistémica.

  • Microtraumatismos repetidos: a causa de la realización continua de deportes de impacto o trabajos físicos intensos.

  • Traumatismos previos: la artrosis postraumática puede ser causada por cualquier evento desencadenante que provoque daño articular, incluyendo fracturas, daño del cartílago, lesión de ligamentos o lesiones de menisco.

  • Raza: existe cierta evidencia de que la raza y la etnia influyen en la prevalencia de la artrosis en diferentes poblaciones. La artrosis es más común en europeos que en asiáticos, africanos y jamaiquinos. Además, la artrosis es más prevalente en Europa y Estados Unidos que en otras partes del mundo.

  • Alteraciones biomecánicas y anomalías congénitas: las anomalías congénitas de las articulaciones, como la displasia acetabular, el deslizamiento de la epífisis femoral capital, el hallux valgus.

  • Factores metabólicos: cada vez hay más evidencia que demuestra que la dislipidemia y la diabetes tipo 2 son factores de riesgo para la artrosis, independientemente de la obesidad.

SÍNTOMAS

La clínica de la artrosis suele aparecer de forma lenta y progresiva:

  • Dolor articular mecánico que empeora con la actividad y suele mejorar con el reposo. Aunque puede llegar a ser constante e intenso.

  • Rigidez matutina breve que suele mejorar en 30 minutos (mientras que en la artritis reumatoide esto suele durar más).

  • Inflamación articular.

  • Pérdida de movilidad y limitación funcional.

  • Crepitación, chasquido articular o calambres.

  • Deformidad articular en fases avanzadas (nódulos de Heberden y Bouchard en manos).

Otro grave problema asociado a la artrosis es que sus síntomas pueden acabar provocando pérdida de la independencia y un deterioro de la capacidad de las personas para hacer distintas actividades. Y esto puede acabar afectando a la salud mental y se ha asociado con disfunción psicológica, depresión, ansiedad, catastrofismo del dolor e incluso aislamiento social.

DIAGNÓSTICO

La artrosis se basa principalmente en un diagnóstico clínico. Sin embargo, existen otras pruebas que pueden ser útiles para confirmar el diagnóstico y descartar otras patologías.

  • Clínico: el diagnóstico principal basado en los síntomas del paciente, la exploración física y limitación funcional.

  • Radiológico: puede ayudar a confirmar el diagnóstico y a descartar otras patologías. Suele ser útil para ver estrechamiento del espacio articular, osteofitos, esclerosis subcondral y quistes óseos.

  • Resonancia magnética o ecografía: rara vez suelen ser utilizadas, pero pueden ayudar a evaluar la hipertrofia e inflamación de la membrana sinovial, identificar factores predisponentes a la artrosis o detectar artrosis en articulaciones más profundas.

  • Analítica: los resultados de las pruebas de laboratorio suelen ser normales en pacientes con artrosis, aunque pueden ser útiles para reducir el número de diagnósticos diferenciales cuando el diagnóstico es incierto. Los niveles de PCR-us o VSG pueden ser útiles para evaluar enfermedades inflamatorias sistémicas y trastornos autoinmunes, y los niveles de ácido úrico pueden ayudar a evaluar la presencia de gota.

TRATAMIENTO

Actualmente, la artrosis no tiene cura definitiva, pero existen múltiples opciones para aliviar síntomas, frenar la progresión y mejorar la calidad de vida. En las primeras etapas de la artrosis, el tratamiento se centra en la reducción del dolor y la rigidez. Posteriormente, se centra en mantener la función física.

A nivel farmacológico, los tratamientos de primera línea suelen ser los AINE y el paracetamol. Los AINE son útiles para el dolor generalizado de la patología. Mientras que el paracetamol también se usa, aunque su efecto es más moderado. Otros tratamientos generalizados que no se consideran estrictamente como tratamientos antiinflamatorios ni analgésicos son los fármacos sintomáticos de acción lenta como la glucosamina, el sulfato de condroitina y la diacereína (su eficacia es controvertida; algunas guías los aceptan, otras dicen que no aportan mucho). También se incorpora en algunos casos inhibidores de la recaptación de serotonina y adrenalina.

El uso de medicamentos más fuertes, como opioides débiles y analgésicos narcóticos, también se pueden considerar cuando otros suplementos han fallado o están contraindicados. También se proponen infiltraciones intraarticulares, con corticoides o ácido hialurónico.

Por último, en casos avanzados con dolor severo y limitación funcional importante, se propone cirugía con prótesis.

Otros aspectos importantes a tener en cuenta a la hora de tratar pacientes con artrosis es:

  • Reducir factores de riesgo modificables como:

    • Pérdida de peso en caso de sobrepeso/obesidad. Una reducción del 10 % del peso corporal puede disminuir significativamente la carga en distintas articulaciones.

    • Ejercicio regular: el ejercicio puede mejorar el dolor y la función en personas con artrosis. En general, se recomienda combinar ejercicios de fuerza adaptados, flexibilidad y ejercicios aeróbicos.

    • Alimentación antiinflamatoria: aunque no sea una cura para la artrosis, puede influir en la progresión y el dolor. Se recomienda llevar una dieta mediterránea: rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y pescado azul. Consumir de forma habitual alimentos antiinflamatorios como omega-3, aceite de oliva virgen extra, frutos secos. Reducir ultraprocesados, azúcares refinados y grasas trans.

  • Fisioterapia y rehabilitación: para ayudar a mejorar la movilidad, el fortalecimiento muscular y la reeducación postural.

  • Terapias complementarias: como por ejemplo aplicar calor local, la acupuntura, la hidroterapia, el yoga o el pilates adaptados.

  • En caso de afectación psicológica, también se recomienda incluir terapia cognitivo-conductual, para ayudar a los pacientes a identificar y modificar pensamientos y comportamientos negativos.

  • Uso de suplementos como colágeno de tipo II no desnaturalizado, extracto de mejillón de labios verdes, omega-3, curcumina, vitamina D (en caso de déficit) o Boswellia serrata.

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